México

Siempre que se hace una historia: A Carlos Rojas, In Memoriam.

Jaime Martínez Veloz realiza un emotivo recuento y homenaje a Carlos Rojas

Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia.

Estimadas Amigas y Amigos:

Me gustaron estas frases de Silvio Rodríguez, de su bella canción, “El Elegido” para hacer una introducción y tratar de hacer un breve testimonio de un hombre, que nos cambió la vida a muchas y muchos de quienes estamos reunidos el día de hoy aquí.

Con sus breves y atinadas palabras, pero sobre todo con una acción desplegada por todo el territorio mexicano, mediante un recorrido social, que entendía que el protagonismo principal radica en las propias comunidades y pueblos, fue el alma y el articulador de uno de los fenómenos sociales más destacados que recuerda la sociedad mexicana, el Programa Nacional de Solidaridad, el cual pudiera haber existido como política pública, con otro responsable al frente, pero no con las características y alcances que Carlos Rojas le imprimió.

Una noche de septiembre de 1989, el gobernador Mendoza Berrueto, me presentó en su casa al Ingeniero Carlos Rojas, para que le explicara lo que nos encontrábamos realizando en Coahuila en materia de política social. Sobra decir, que esa noche fue por demás altamente productiva, para el estado de Coahuila.

La perspicacia, el olfato político y la sensibilidad de Carlos Rojas, fueron los mejores aliados para encontrar un fuerte apoyo del Programa Nacional de Solidaridad, para las acciones que llevábamos a cabo en el estado de Coahuila, que luego fueron replicadas en varios lugares de México.

Al día siguiente estábamos recorriendo las colonias de Saltillo, platicando con las personas que estaban auto construyendo sus propias viviendas. Carlos Rojas les hacía preguntas y escuchaba con respeto las respuestas de los colonos que construían sus viviendas con sus propias manos.

Ahí me pidió que lo acompañara a reuniones de trabajo a la Comarca Lagunera, para impulsar con la participación de la sociedad de esa región, un Programa de Desarrollo Regional, que fue conocido como “Nueva Laguna”.

Con su trato, modos, forma y capacidad de concertación se pudieron concretar miles de acciones de todo tipo, que permitieron el reencuentro, la reconciliación y el fortalecimiento de la identidad lagunera.

Narro estos hechos, porque fueron el comienzo de una larga ruta de trabajo a lo largo y lo ancho de la república. De trabajo, de amistad, compañerismo y solidaridad.

Tijuana, Chiapas, el trabajo parlamentario y su vocación por la paz, me permitieron conocer a un hombre con una enorme capacidad de convocatoria de los más diversos espectros ideológicos, de respeto a los mismos, pero sobre todo para construir rutas comunes que permitieran la elevación de vida de las familias y comunidades.

En Tijuana por ejemplo que es incertidumbre pero su encanto trasmina el alma y es mucho más de lo que cualquier tijuanologo haya escrito acerca de ella, llegaba Carlos Rojas siempre con discreción, alejado de la parafernalia y los reflectoras y me pedía que nos fuéramos a recorrer y visitar las colonias de la ciudad

A las 5 de la mañana nos íbamos a esperar las ollas de concreto en la colonia Libertad en donde señoras, jóvenes, niños y todo lo que pudiera moverse pavimentaban sus calles, de ahí nos íbamos a la Sánchez Taboada. Ciudad Jardín, Lázaro Cárdenas, el Florido, Otay, las Obreras, la Tejamen, la Internacional, Plan Libertador, Primo Tapia, el Tecolote, La Gloria, la Guanajuato, la 18 de Marzo, la Felipa Velázquez, Leandro Valle, el Mariano Matamoros, las Rinconadas, Nido de las Águilas, 10 de Mayo, el Cañón del Sainz y por donde quiera en donde las brigadas de trabajo, hicieron suya la ciudad.

Carlos Rojas disfrutaba también de las ollas de tamales, el mole oaxaqueño, las corundas michoacanas, los chiles rellenos, frijoles charros, cochinita pibil y todo el enjambre de las comida típica mexicana, que se disfrutan por todos los rincones de Tijuana después de las largas y entusiastas jornada de trabajo.

Niños, señoras, hombres y abuelos trabajaban entre la mezcla, la cimbra y costales de cemento en una ciudad sembrada de esperanzas.

Las señoras agarraban la pala y al rato movían el jarro de los frijoles, para el desayuno de las brigadas.

Las noches eran de bohemia, no faltaba quien le rascara a la guitarra, alguien ponía las “caguamas” y la velada se convertía en un rato inolvidable. No por nada a Carlos Rojas le encantaba disfrutar esas jornadas de trabajo.

Rojas fue el impulsor de miles de obras grandes y pequeñas, pero sobre todo tuvo la capacidad, de construir desde abajo una nueva relación entre el Gobierno y las organizaciones comunitarias, a las que siempre apoyó, respetó, impulsó y construyó niveles de confianza poco vistos en la historia de nuestro país.

Él no pregonaba la honestidad, él la practicaba todos los días con sus hechos, con sus acciones y su congruencia.

Él no hablaba del pueblo, ni decía discursos en su nombre, él se reunía con la gente en sus modestas viviendas, de los indígenas migrantes en la frontera, en los galerones ejidales, en las tiendas de los barrios, hacía compromisos, los cumplía y por eso la gente lo respetaba, lo buscaba y lo quería.

Se sabía los nombres y apellidos de los modestos líderes indígenas como los de encumbrados políticos y empresarios.

Hablaba poco, escuchaba mucho.

Me tocó compartir con él, en la Comisión de Concordia y Pacificación encuentros con la Comandancia Zapatista en el año 2001, durante la marcha que el EZLN realizó de la Selva Lacandona a la Ciudad de México, que concluyó con la aprobación de la Cámara de Diputados, para que representantes indígenas, pudieran hacer uso de la tribuna parlamentaria y expresar sus pensamientos de sus anhelos y sus luchas. El devenir de los Pueblos Indígenas era una de sus grandes prioridades.

Un poco antes en Baja California, a la muerte del Gobernador de Baja California, don Hector Terán Terán, siendo Carlos Rojas, Secretario General del PRI en 1998, se trasladó a Mexicali, para resolver la designación del Gobernador Sustituto, mediante un procedimiento, respetuoso y responsable y republicano.

El proceso de sustitución salió impecable y aprobado por unanimidad por el pleno del Congreso del Estado de Baja California. Esa acción republicana no hubiera sido posible sin la intermediación y el oficio político conciliador y determinante de nuestro amigo el Ingeniero.

Carlos Rojas, fue un hombre de Estado que tenía como fundamento en su actuación política, la definición de que “un dirigente está para entender no para que lo entiendan”

Fue un jefe, un amigo, un compañero de lucha, que además de participar en reuniones de alto nivel, disfrutaba que nos fuéramos a las funciones de la Lucha Libre en la Arena México y después ir a cenar unos tacos o unas enchiladas.

Varios años la vida nos dio la oportunidad de cada viernes, ir juntos a disfrutar de las leyendas del pancracio mexicano

Ahí se reía y echaba sus chascarrillos de vez en cuando.

Carlos Rojas, era un hombre lleno de libertades, libertad para luchar, libertad para disentir, libertad para amar, libertad para ser libre.

Su figura y su defensa convencida de las mejores causas de México y el respeto por los demás, lo convirtieron en uno de los referentes más importantes de la vida pública nacional.

En nuestras mentes y nuestros corazones siempre estará el ejemplo de Carlos Rojas, su alma, su amor por los demás, su entrega desinteresada a las mejores causas de México.

Su obra, su trabajo será el motivo de importantes investigaciones e interesantes debates y polémicas en los espacios públicos del país.

Aprendamos de su vida la libertad para luchar sin odios, para construir sin exclusiones un mejor mañana para todos los mexicanos.

Su compromiso por México, era su mejor divisa.

Hasta Siempre Carlos, donde quiera que te encuentres, te mando un abrazo, con todo el cariño del mundo.

Muchas Gracias

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