A un año del triunfo de Andrés Manuel

Un año del triunfo de Andrés Manuel López Obrador. 6 meses de Gobierno del Presidente que renovó las esperanzas de cientos de miles, de millones, al ser el hombre más votado en la historia mexicana.

En su momento se dijo que con ello dio inicio la madurez de nuestra democracia y que empezamos a comprender que la soberanía nos pertenece, que el sufragio tiene utilidad, y esta es la de canalizar las inquietudes individuales que convergen con las del colectivo social.

No fue para menos: en México esto se ha expresado, históricamente, a través de la violencia: tres Revoluciones, una Guerra Sucia, un levantamiento indígena y las autodefensas han dado cuenta del hartazgo que se tiene del status quo, desfavorable ya no solo para los de abajo, para el México Profundo, sino para la mayoría, la cual eligió un cambio de régimen, una nueva y, esperemos, última transformación a través del arma del voto y las urnas.

El entusiasmo fue tal hace un año que se dijo que habíamos firmado un nuevo tratado social con uno de los gobiernos más votados de la historia y uno de los más representativos. Por igual gobiernan y representan al pueblo tanto académicos como expandilleros, ricos y pobres, estudiados y no. Todos los capitales y campos sociales tendrían voz y representación en este nuevo gobierno.

Las expectativas fueron y siguen siendo muy altas, cierto, pues se sentó un precedente sin par, el de la ciudadanía participando de manera plena. Redes sociales, conversaciones individuales, en las aulas, en los trabajos, todos han estado al pendiente de la República ¿pero de qué manera y bajo qué formas? La crítica ha sido desplazada por el prejuicio y deber-ser-moral.

Es lo que está pasando. De la euforia del triunfo de Andrés Manuel se ha pasado a una especie de culto que creímos enterrado con el priismo derrotado. Estamos viendo la resurrección del corporativismo y de la cooptación de voces y mentes que no aceptan comentario alguno en contra del Presidente.

Cierto, construir un proyecto de nación toma tiempo, no es inmediato. Andrés Manuel hace un año que ganó y tiene apenas seis meses en el gobierno pero a dicho tanto desde hace trece años, cuando buscó por primera vez la investidura que hoy porta, que la sociedad se ha polarizado a partir de las decisiones de gobierno que ha tomado.

Nombramientos, recortes presupuestales, canalización de recursos para favorecer a extranjeros en detrimento de los paisanos. Sus formas de atender la política interior y exterior. Todo está en discusión y tela de juicio. Todo es observado y observable.

Sí, la democracia es tan heterogénea como la sociedad misma. La verdad o la mentira no es universal ni común y por eso debe ser a partir del diálogo que construyamos consensos, justos medios, cediendo, pues donde empieza el derecho del otro termina el nuestro. Pero estamos viendo todo lo contrario.

Con la democracia alcanzaríamos el bienestar común. Desde ella debemos procurar una convivencialidad a la altura de nuestras expectativas. ¿Tenemos derecho a exigir? Si. ¿Tenemos derecho a cuestionar? También, pero en su justa dimensión, fuera del clasismo y racismo que se siguen manifestando desde la víscera y desde cierto desconocimiento.

Un año de un triunfo histórico, seis meses de seis años que se antojan serán desgastantes. Por lo pronto, hoy el presidente celebrará y dirigirá un mensaje a la nación. Puede que diga algo coyuntural o que se pierda, como de pronto lo hace, en sus propias palabras e ideas. Sí, esperamos un discurso magistral. La ocasión y el clima social lo ameritan.

editorial@sandiegored.com

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